El panorama rock nacional necesitaba un grupo como Presidente. No tan sólo por sus canciones, efusivos y descarnados perdigonazos de rock ágil, directo, emocional y contagioso, sino también por la franqueza y claridad con la que se expresa esta banda afincada en Sabadell (Barcelona) que ahora, y tras haber rodado sus maquetas por conciertos en toda Cataluña, por fin puede presentarse al gran público con un primer disco, llamado “La venganza de las chicas asesinas”, que en un mundo justo tendría que interesar a todos los amantes del buen rock hecho en nuestro país.

Presidente ya nace con la particularidad de ser el proyecto soñado y perseguido por John Caballés, un chaval de 29 años que ya tenía interés y pasión por el rock antes incluso de afeitarse. Caballés, ya curtido en la carretera y el estudio con su anterior banda, Estéreo, ha decidido dar el gran salto como autor, compositor, cantante y guitarrista con este proyecto en solitario que ha querido firmar como si fuese un grupo.

Lo que nos encontramos en este debut exultante y vitalista es un puñado de canciones esculpidas en carne viva, sin excesivos rodeos y con el don de la espontaneidad como gran aliciente, una chispa creativa que arde por dentro y necesita emerger en forma de composición: imperfecta pero verdadera, sin complejos. Es por esa inmediatez que la banda ha necesitado grabar el disco en directo dentro del estudio, con las tomas y cortes justos para no desviarse nunca del gran objetivo: lograr que el álbum suene tan compacto y convencido de sí mismo como lo hacen sus conciertos.

Las letras de Caballés, buen observador de la realidad cotidiana que le rodea, ayudan a redondear una fórmula que sin experimentos con gaseosa, sin inventar nada nuevo, ni tampoco esa es su intención, consigue brindarnos uno de los mejores y más compactos discos de rock de este año. Tenemos Presidente para rato.
 
 
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